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Debat de presentació del Govern en el Senat

INTERVENCIÓ DE CARLES BONET
Actualizació 13/5/2008 13:00:55


Señor presidente, en la pasada legislatura se alcanzó un progreso fundamental en el camino emprendido para que el Senado sea la Casa común de las lenguas españolas. Por primera vez hay una institución general del Estado, la Comisión General de las Comunidades Autónomas, en la que se pueden utilizar todas nuestras lenguas, y ya se utilizaron en una cuestión tan simbólica como las reformas estatutarias, pero no nos parece insuficiente.Señor presidente, nos cuesta ver que el conjunto del Estado sea consciente de las lenguas de todos y las considere intrínsecamente suyas. Si el Estado somos todos, las lenguas de todos también deben ser lenguas del Estado. Es por ello que la última moción que presentó nuestro portavoz Ramón Aleu en la pasada legislatura instaba a reformar el Reglamento del Senado para que sea natural hablar las lenguas españolas en el Senado español.         Es chocante que esto aun no sea así. Dice la Constitución que el Senado es la Cámara de representación territorial. El catalán es una secular lengua que tiene un territorio secular. Es la lengua propia, como ya decía el Estatuto de 1979, del territorio de Cataluña. Y si el Senado ostenta la representación de los territorios  debería ser también una Cámara de representación y convivencia de las lenguas españolas.         Anunciamos pues que este va a ser uno de los ejes prioritarios de Entesa Catalana de Progrés en esta legislatura, y por eso preguntamos al presidente del Gobierno acerca de su disposición sobre este particular. Pero queremos hacer las cosas de cierta manera. En el Senado deberíamos ser capaces de dialogar con buena voluntad, al margen de titulares escandalosos, sal gorda, debate belicoso y campañas mediáticas.          Proponemos que se forme un intergrupo de senadores para empezar a dialogar sobre la reforma del Senado, sobre la convivencia de las lenguas españolas, sobre cuál ha de ser el equilibrio en el uso social entre el castellano y las otras lenguas españolas. Deben tratar de comprenderse aquellos  que creen que el castellano sufre una persecución en alguna comunidad autónoma y los que creen que cada vez se oye menos catalán o valenciano en Barcelona o Valencia, menos gallego en Santiago, o menos euskera en Bilbao. El Senado tiene que ser la casa de convivencia de las lenguas españolas y una Cámara que vele por la convivencia, el uso social y un futuro garantizado para todas.         Señor presidente, el Senado se va a reformar. Manuel Fraga dijo el día de la constitución del Senado que quería ver la Cámara prometida, el Senado reformado. Los senadores que desde hace 29 años andamos errantes por este Sinaí de la Plaza de la Marina, también. Hemos visto su prudencia al referirse al Senado en su investidura, ha dicho que depende de la voluntad de los partidos. Entesa Catalana de Progrés ha explicado ya su modelo, por tanto, no lo voy a repetir, pero reitero nuestra disposición a colaborar en el empeño. Ya veremos si es posible  pero, mientras tanto, señor presidente, el Senado no puede ser un mero espectador de los grandes debates de esta legislatura, al menos de los de gran significación territorial.         Por todo ello, señor presidente, pedimos su compromiso para que en todos los debates territoriales que se avecinan el Senado tenga un papel de primer orden. El primero es la reforma del sistema de financiación. No comprenderíamos que se anunciara un acuerdo sin que esta Cámara haya  llevado a cabo ningún debate, y quiero solicitarle, si es posible, señor presidente, la comparecencia del vicepresidente Solbes en la Comisión General de las Comunidades Autónomas para ofrecer el balance del actual sistema de financiación. Este es un tema proclive al ruido, a la excitación, y hay que vacunarlo con dosis de estudio y reflexión.          Como sabe, el Gobierno de Cataluña, naturalmente, defiende el estatuto, sus previsiones y sus plazos, una ley que obliga al Estado y a la Generalitat. El presidente Montilla asegura que disponer de menos recursos para acometer los mismos servicios y de manera permanente y desproporcionada no es solidaridad. Y no lo dice él solo, sino que es un clamor que se desprende de todos los estudios serios, como este de la Fundación Alternativas, que señala como el principal problema del actual sistema de financiación la injustificada diferencia en recursos per cápita para acometer los mismos servicios. Si los impuestos los pagan los ciudadanos y no los territorios, ¿por qué, señor presidente, los ciudadanos de determinados territorios tienen siempre menos recursos para los servicios mínimos? ¿Esto es el régimen común? Estamos de acuerdo con que la solidaridad exija inversiones especiales en algunos territorios, pero que un territorio que contribuya a la solidaridad acabe siempre disponiendo de menos recursos para los servicios elementales, señor presidente, no lo entendemos.         Usted en el Congreso dijo que habría que precisar la nivelación. Estaremos expectantes a ver si antes del día 9 de agosto somos capaces de entenderlo.         Otro punto, señor presidente, son las transferencias y las promesas derivadas del proceso de reformas estatutarias. Está el estatuto catalán en la UVI y veremos qué pasa. En todo caso, muchísimas cosas no van a depender de la interpretación del Tribunal para que el Ejecutivo central demuestre su espíritu autonómico. Está pendiente el traspaso de las cercanías de Renfe a la Generalitat y a las otras comunidades autónomas. Ya sé que en la legislatura pasada hubo desencuentros con el Ministerio de Fomento y con la ministra Álvarez, pero pido que se olviden y que las relaciones sean de colaboración en ambos sentidos.         De lo que no quiero olvidarme es de la cuestión de los aeropuertos. Usted no se ha referido a ello en el Congreso, y cuando vino usted aquí el 11 de mayo del 2004, el día anterior la ministra Álvarez había declarado textualmente que las comunidades autónomas iban a participar en la gestión de los aeropuertos. La Entesa, de acuerdo con el Gobierno de Cataluña, presentó en esta Cámara una propuesta que recogía un acuerdo del Parlamento de Cataluña en la que se decía que la Generalitat tendría una posición determinante en la gestión. Le pregunto, señor presidente, si su Gobierno tiene prevista alguna fórmula para que los gobiernos autonómicos participen en su gestión.         Usted, señor presidente, ha dicho siempre que concibe una España en red, y a esta concepción volvió a referirse en su investidura, pero le preguntamos si alguien aseguraría estar en una España en red si comprueba que en la conexión férrea entre Valencia y Barcelona, en pleno siglo XXI, aún existen 50 kilómetros de vía única y que no se haya previsto un AVE de verdad entre estas dos ciudades. Me parece que el eje mediterráneo tendría que recibir un espaldarazo claro del Gobierno por que, si no, continuará la percepción de que la descentralización económica se está incrementando y que la concepción radial del Estado subsiste, una percepción que tienen no solo los políticos catalanes sino los empresarios y los agentes sociales. Por eso le preguntamos sobre su política en relación con el eje mediterráneo.         Señor presidente -y voy terminando-, usted se ha referido repetidamente en el Congreso a una idea de España, a la España de la unidad y la diversidad. Nuestra pregunta es si esto lo contrapone a la idea de la España plural.         Señor presidente, la izquierda catalana también tiene una cierta idea de España desde hace años. El problema es que no sabemos si cabe, sobre todo cuando celebramos como esta del 2 de mayo se trufan de un exagerado exhibicionismo de la unidad, claramente intimidatorio de la pluralidad. Porque como usted sabrá, señor presidente, precisamente la guerra contra Napoleón es uno de los episodios históricos en que más se manifiesta la diversidad. Fueron las periferias las protagonistas ante un centro colapsado. Un episodio que Menéndez Pelayo narra como una manifestación del nativo impulso de disgregación, de autonomía, de democracia y de federalismo instintivo.         Ya en plena guerra Antoni de Campmany había dicho en su obra Centinela contra franceses que España era un cuerpo exánime que se había electrizado por sus extremidades en que cada provincia se esperezó -decía- y  sacudió a su manera. Y se preguntaba: ¿Qué sería ya de los españoles si no hubiera habido aragoneses, valencianos, murcianos, andaluces, asturianos, gallegos, extremeños, catalanes y castellanos? Cada uno de estos nombres -decía- inflama y envanece, y de estas pequeñas naciones se compone la masa de la gran Nación. En fin, si aquí hubiese estado el gran Ernest Lluch habría recordado cómo Palafox fue nombrado por las Cortes de Aragón.          Señor presidente, en la España de las Autonomías nadie ha recordado que fue la diversidad, que fue la pluralidad lo que derrotó a Napoleón. Esto nos parece preocupante, y supongo que a esta Cámara le compete recordarlo y reivindicarlo.  Señor presidente, esta Cámara tiene que defender la diversidad y la pluralidad. Unidad y diversidad, unidad y pluralidad se conjugan. En todo caso, unidad y  uniformidad deberían ser en España conceptos antitéticos porque la uniformidad  sí que es totalmente contraria a diversidad.

         Nada más y muchas gracias.


 
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